miércoles, 30 de diciembre de 2015

Joseph Anton

A la memoria de Ian Murdock

"En cualquier lugar del mundo donde se haya cerrado la pequeña habitación de la literatura, tarde o temprano se desmoronan las paredes." Salman Rushdie, ¿Nada es sagrado?.

El caso Rushdie - En la dedicatoria se lee el nombre de la escritora estadunidense Marianne Wiggins (John Dollar), su segunda esposa, Los versos satánicos es una novela moderna publicada por la editorial Viking (es decir Penguin, de Pearson Group, un conglomerado con amplios intereses en el mundo árabe) en la que de paso se lanzan algunas críticas tanto a Margaret Thatcher (la primera ministra de Gran Bretaña, Maggie La Torturadora en la novela) como al imán Jomeini (hay un líder religioso, hombre cruel y moribundo, que se esconde en una habitación a oscuras porque no quiere ni siquiera contaminarse con la luz del Sol parisino hasta el día de su regreso del exilio): su argumento es la emigración, el propio autor, nacido en Bombay en el seno de una familia musulmana no muy religiosa, pero desarrollado en Londres, ha colaborado en el Camden Committee for Community Relations. Esta era la pregunta que había planteado la novela: ¿Cómo entra la novedad en el mundo?. Lo nuevo no siempre va unido al progreso. (Cfr. p. 375). El 14 de febrero de 1989 Jomeini lanza la fetua (fatua, decía el maestro Noé Castillo Alarcón): "comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos -libro contra el islam, el Profeta y el Corán- y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren." Recuerdo a la periodista Flor Berenguer decir en los micrófonos de Grupo Radiofórmula: Rushdie es un escritor mediocre que tuvo la suerte de volverse famoso gracias al fanatismo. Ni una palabra sobre el oportunismo de políticos y líderes religiosos. De hecho, Jomeini utilizó Los versos satánicos para movilizar a los fieles, luego de la desastrosa guerra que había lanzado contra Irak. Creo que el mundo se enteró de la furia del fundamentalismo islámico hasta que ocurrió el ataque al World Trade Center de Nueva York (por lo demás, el 11 de septiembre de 2001 era el lanzamiento oficial de su novela Furia, Rushdie se encontraba de gira de promoción en Chicago): la cultura, en este caso la religión, y no sólo la economía, podía ser el motor de la historia. Mientras tanto, parece que el caso Rushdie sólo era el problema de un escritor que tuvo que pasar a la clandestinidad protegido por Scotland Yard. De ahí el pseudónimo Joseph Anton (me suenan mejor Vladimir Joyce o Marcel Beckett). Recuerdo haber leído en la revista Nexos un artículo de John Updike que recogía la ira de los taxistas musulmanes en Nueva York que clamaban que Rushdie era un mal hombre y que debía morir, al tiempo que aceptaban no haber leído la novela que lo había condenado (Los versos satánicos se publicó en Estados Unidos el 22 de febrero de 1989, con el apoyo discreto de HarperCollins; The Consortium Inc., se fundó en Delaware y se componía de tres miembros: los agentes literarios Gillon Aitken y Andrew Wylie, y el autor). La fetua (un edicto que nadie vio jamás como un documento formal) no incluía a los lectores, pero había miedo en el mundo editorial: estallaron bombas en algunas librerías. Morir por el libro, había dicho José Emilio Pacheco en uno de sus Inventario de la revista Proceso: Quizá la novela había sido un error de cálculo. No hay libertad de expresión (el medio que transmite la libertad de pensamiento) entre quienes aseguran que se ha alcanzado el final de los tiempos, negando la historia, que narra precisamente la evolución de los pueblos. El ministerio de cultura español dio una extraordinaria muestra de gallardía: patrocinó la publicación de Los versos satánicos en castellano bajo un consorcio de editoriales (hay que recordar que los árabes dominaron una buena parte de España durante ocho siglos; ahora entiendo por qué Rushdie publicó El último suspiro del moro: muestra a un árabe bajo persecución, el último a la caída de Granada; la solución del consorcio también se usó para la edición en Alemania). Tengo la fortuna de haber leído esa coedición española, tengo la pena de haberla prestado y perdido, y la suerte de haberla recuperado años después.

Rushdie se licenció en Historia en la Universidad de Cambridge, el alma mater de Anis, el padre de Salman, quien adoptó el apellido "Rushdie" por admiración a Ibn Rushd (Averroes en Occidente): el filósofo cordobés hispano-árabe del s. XII, quien llegó a ser juez de Sevilla, traductor y reconocido comentarista de las obras de Aristóteles. Resuena en su mente el racionalismo frente al literalismo islámico (El Corán es una obra humana, no divina, y por lo tanto tiene fallas tanto en la secuencia como en los temas, cfr. pp. 33-35). En estas memorias, Rushdie narra la vida de una novela de espías que lleva Joseph Anton: siempre es "él", nunca "yo", una pequeña pero significativa aportación a las memorias del tipo "todo hay que decirlo". Por ejemplo: Satán Rushdy, como lo llamaban los manifestantes pro-fetua, recibió el argumento de su discutida novela a través de su padre, un abogado de Cambridge, islamista erudito que carecía de fe religiosa. Además, en el año académico de 1967-1968, el futuro novelista optó por una materia especial llamada "Mahoma, el surgimiento del islam y los inicios del califato", supervisado por el brillante medievalista Arthur Hibbert. De este modo, el hombre conoce la historia de la sura número 35, titulada An-Najm, la estrella, llamado el incidente de los versos satánicos, un episodio que se remonta ocho siglos atrás (cfr. pp. 56-58). Con todo, Los versos satánicos no es un libro sobre la fe, sino sobre la emigración, que pone en crisis todo a su alrededor: individuo o grupo, individualidad e identidad, cultura y fe.

La bandera del fundamentalismo islámico es un tiempo inmóvil, sin progreso, sin historia. ¿Qué Dios permitiría el Estado Islámico?. "El Hombre crea la religión, la religión no crea al Hombre." (Carlos Marx). Si alguien quiere saber de dónde viene el fundamentalismo islámico de nuestros días, tendrá que remitirse a la p. 377: los patrocinadores occidentales de la Casa de Saud sentaron en el trono del petróleo a una familia de sátrapas que ha dado vuelo, a través de millones de dólares, a la ideología puritana extremista de Muhammad ibn Abd al-Wahhab, difundida a través de construir escuelas (madrasas): wahabismo (Arabia Saudita), salafismo, jomeinismo (Irán), deobandismo (India), etc. "El mayor peligro de la creciente amenaza era que los buenos hombres cometían el suicidio intelectual y lo llamaban paz. Los buenos hombres se rendían al miedo y lo llamaban respeto." (p. 373).

"El amor por el arte de la literatura era algo imposible de explicar a sus adversarios, que amaban un solo libro, cuyo texto era inmutable e inmune a la interpretación, siendo la palabra de Dios no creada." (Salman Rushdie)

En 1989 murió Samuel Beckett, ocurrió la masacre de Tiananmen, cayó el Muro de Berlín (el mundo cambió en 1989 porque Mijaíl Gorbachov prohibió al Ejército Rojo abrir fuego contra los manifestantes en Leipzig y en todas partes) y surgió el protocolo http. A través de su Diario, Salman Rushdie nos ha vuelto a sorprender con un extraordinario libro de memorias. Logró salir de su confinamiento defendiendo con su arte su rincón. Se volvió embajador de sí mismo para aporrear las puertas de los políticos que tomaban las decisiones (casi dejó de escribir El último suspiro del moro, pues le tomó cosa de un año reunirse con Major y luego con Clinton), y si no se volvió loco bajo la presión constante fue gracias al amor de sus mujeres y al apoyo incondicional de sus muchos y muy importantes amigos. Por lo demás, hay que ver cómo las editoriales son capaces de dejar en la estacada a un escritor de renombre que casi fue vetado para publicar futuros libros. En su confinamiento logró escribir Harún y el mar de las historias (un libro para niños dedicado a su hijo Zafar Harún). Y El último suspiro del moro, que fue el primer libro que escribió usando una computadora (adoptó esta herramienta por su facilidad de generar textos en limpio, sin tachaduras, ¡no hacía falta volver a capturar toda una página antes de proseguir)!. En Francia, cuna de civilizaciones, se publicó un libro de apoyo: Pour Rushdie, de todas partes del mundo le escribieron cartas en favor de la libertad de expresión. Abdelwahab Meddeb (Túnez): "Rushdie, has escrito lo que ningún hombre ha escrito, [...] En lugar de condenarte, en nombre del Islam, te felicito." (p. 450). Como se vió durante la Primavera Arabe, los jóvenes de Túnez, Egipto, Libia y Siria demandaban empleo y libertad, no religión. (Cfr. p. 676)



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Sí. Estaba dispuesto a morir, si morir era necesario, por lo que Carmen Callil había llamado "un maldito libro". (cfr. p. 313)

"La fetua puede verse como una serie de modernos versos satánicos. En la fetua, una vez más, el mal se disfraza de virtud y los fieles son engañados." (p. 408)

"El 26 de febrero de 1993 estalló una bomba en el World Trade Center de Nueva York, colocada por un grupo que encabezaba un kuwaití llamado Ramzi Yousef. Murieron seis personas, más de mil resultaron heridas, pero las torres no se desplomaron." (p. 409)

"Exilio -había escrito él en Los versos satánicos- es sueño con un retorno glorioso." Entonces se refería al exilio de un imán semejante a Jomeini, pero la frase se volvió como un bumeran y describió a su autor, y ahora también a Talisma Nasrin. El no podía regresar a la India, y Talisma no podía volver a Bangladesh; sólo podían soñar. (p. 470)

Salman Rushdie, Joseph Anton. Trad. Carlos Milla Soler. Random House Mondadori. Literatura Mondadori, 503. Primera edición en México: septiembre de 2012. México, DF. 686 pp.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Una mariposa en la máquina de escribir

Había olvidado que ya había comprado La Biblia de neón, inclusive tenía la idea de que esta biografía de John Kennedy Toole (Kennedy, su segundo nombre, es en honor de la abuela de su madre; cuando asesinaron a John Fitzgerald, interrumpe la revisión de La conjura de los necios) estaba ya en mi biblioteca. Por eso, ante el horror de tener dos veces un libro que ni siquiera he leído, casi me traigo los cuentos de Roberto Bolaño, pero por ahora tengo todo el RB que necesito (2666 tiene más de 1000 páginas).



El querido hijo de Thelma Ducoing y John Toole se suicida el 26 de marzo de 1969, a la edad de 31, lejos de las playas del Golfo de México, en un bosque de la carretera Popps Ferry, en las afueras de Biloxi. Ha dejado dos obras literarias de extraordinario talento. "Por eso, si bien se quitó la vida, la historia de esa vida merece la comprensión y los elogios que brindamos a todo escritor que ha legado al mundo una contribución perdurable." (p. 16) En un primer momento, había yo pensado en su suicidio como una manifestación de la locura del genio. Pero quizá esté relacionada con la neurosis del padre, que ya en la adolescencia de Ken daba signos de cierto desequilibrio, conducta de la que fueron testigos los amigos más cercanos en algunos bochornosos episodios.

La Biblia de neón - A los 16 años, J.K. Toole escribe su primera novela corta para un concurso que no gana. El autor la guarda bajo la cama y nunca le habla de ella a su dominante madre. Inspirada en un anuncio de neón de alguna iglesia bautista de Mid-City Nueva Orleans, analiza la dicotomía entre la moral y la comercialización, tan pegada al alma estadunidense, tema tratado por el señor Rushdie en Los versos satánicos sobre los musulmanes y los hindúes: ¿Para qué tener un solo Dios cuando es más redituable tener 300?.

La conjura de los necios, la novela de Nueva Orleans, trata con humor el tema del learned pauper versus the idiot millionaire: la modernidad nos da doctorados en física cuántica boleando zapatos en la vieja Roma. En contraste, un zopenco como Donald Trump va puntero en las encuestas para la nominación del Partido Republicano a la Casa Blanca. Hace varios años que leí La conjura y no recuerdo que me haya impresionado mayormente -en realidad lo que me impresionó fue el nombre del malogrado novelista-, pero definitivamente Anagrama tiene que dejar en paz el tópico de Walker Percy, según el cual Ignatius Reilly es don Quijote gordo,1 porque tal comparación no le ayuda, si bien ambos personajes tienen no digamos sueños, sino verdaderos delirios de grandeza (Bobby Byrne acierta cuando dice que, en realidad, Ignatius es el alter ego de Kenny: la encarnación del fracaso que Toole temía llegar a ser). Por lo demás, yo ignoraba que Toole dominaba el castellano, lo que le permitió sacarle jugo a su servicio militar en Puerto Rico, donde inició, a 2700 kilómetros de su tierra y de sus padres, la frenética redacción de su famosa novela, en la que los necios de verdad no conspiran contra un fracasado como Ignatius Reilly (inspirado en Bobby Byrne, quien ignoraba que estaba bajo observación) sino contra el genio incomprendido de J. K. Toole (la mariposa no soporta los piquetes de la abeja). Por lo demás, los conjurados iban desde las alumnas del Dominican College, pasando por el implante que el gobierno había colocado en su cerebro, hasta el robo de su novela a manos de la canalla de Simon and Schuster (según Toole, antes de irse a Knopf, el editor Robert Gottlieb se la pasaría a George Deaux, quien la usó publicando Superworm).

Kenny amaba los automóviles. Luego de errar durante dos meses por la carretera, se suicidó dentro de su Chevy Chevelle azul 1968 conectando una manguera para inhalar los gases del motor, unos meses antes de la muerte de Jack Kerouac, a quien había leído (en La conjura, una vecina llama "pareja de beatniks" a Ignatius y Myrna Minkoff, quienes huyen a Nueva York). En su vida le tocó enterarse del suicidio de Marilyn Monroe, de la cual estaba enamorado, y del asesinato del primer presidente católico de Estados Unidos.

(1) Toole leyó la primera novela del profesor Percy, El cinéfilo. Percy escribió el prólogo de La conjura de los necios, donde compara el talante de Ignatius con don Quijote.



Cory Maclauchlin, Una mariposa en la máquina de escribir: La vida trágica de John Kennedy Toole y la extraordinaria historia de La conjura de los necios. Trad. Daniel Najmías. Anagrama (Twitter: @AnagramaEditor). Biblioteca de la memoria. Primera edición: mayo 2015. Barcelona. 361 pp.